Miércoles, 30 de Julio, flor de caminata y buena gente
Salimos medio pesimistas, ya haciendo planes de como acortar lo distancia que queríamos hacer en tres días. Pero al final salió bien, sin acortar nada. Empezamos por bajar hasta Estérençuby.
122, entre Col dHandiague y Estérençuby
El camino fue fácil, porque a parte de ser bajada, estabamos frescos y no hacía demasiado calor. En Estérençuby hay un hotel y todo (panadería o almacén no, no hay que exagerar). Paramos ahí para re-desayunar un café con leche. Nos llenaron las cantimploras con agua, y cuando les pregunté si hay agua por el camino, el dueño del hotel me propuso la llave de un chalet que él está construyendo, a unos diez kilómetros, por el camino que teníamos que tomar.
El chalet no tiene gran cosa pero está cerrado (tiene paredes, techo, ventanas y puerta) y tiene agua potable y baños. Lo increíble es que el tipo me lo ofreció lo más naturlamente, sin que le pida nada. Cuando le pregunté cuanto me va a cobrar me dijo que como me va a cobrar por una casa que no está terminada. En general los bascos nos parecieron muy generosos. Porque lo de este tipo fue quizás el ejemplo más grande de generosidad, pero durante estas vacaciones en el sudoeste francés tuvimos otros casos.
El señor nos dió la llave, nos explicó bien los detalles y nos fuimos cuesta arriba.
123, entre Estérençuby y el chalet del señor
Fotos del chalesito no tengo. Era nomás una casita donde hubiésemos podido dormir, que era el plan inicial nuestro y del señor. Menos mal que Ron me hizo arreglar algo con el señor, por si acaso llegamos demasiado temprano al chalet y queremos seguir. No se que les paso a los niños pero caminaron como grandes. Llegamos al chalet, después de caminar 10 kilómetros subiendo 650 metros, en dos horas y poco. Almorzamos, usamos las facilidades varias, le dejamos la llave al señor abajo de la piedra grande rota como convenido y seguimos viaje.
124, Entre el Col sur lIthurramburuy el Col dIrau 125
Por el camino un poco nos arrepentimos de haber seguido, pero al final creo que hicimos bien. Primero el camino bajaba por unos 20 minutos. Pero después nos esperaba una subidita de un par de kilómetros, a 20% de inclinación (ver fotos 124 y 125, el camino que dejamos atrás es lo que está atrás de Yael). Eso no hubiese sido nada, si llegando arriba no hubiésemos entrado en esa neblina súper espesa. Para darles una idéa, íbamos caminando en fila, con una distancía entre 5 y diez metros entre cada uno. Yo, atrás del todo, no lo veía a Ron que iba adelante. Le grité a Yael que le diga a Ron de no seguir si no lo ve al último, y me contestó Ron que estaba a pocos metros de Yael. A Yael la veía, a Ron no.
Encima, ya casi en la carretera a donde teníamos que llegar, paramos de ver las balizas, es decir las señales rojas y blancas pintadas por el camino que teníamos que seguir. Sabíamos por el mapa que la carretera tenía que estar muy cerca. Los dejamos a los niños juntos y sentados, y empezamos a hacer círculos como quince minutos hasta que encontramos. La carretera estaba a 50 metros de donde habíamos perdido las balizas. La baliza próxima estaba en la carretera pero imposible de verla a menos de diez metros.
Creo que los niños no se asustaron. Yo me asusté un poco, sobre todo que ahí donde estábamos era imposible plantar la carpa, por la inclinación. Lo que si, es que con esa subidota los nervios y la voluntad de Ilán y Dotán pasaron malas y peores. Eso fue antes de perderse. Pero los pude calmar (sin calmadora) y llegamos contentos de encontrar un lugar plano, aunque sea a tres metros de la carretera. Carretera es mucho decir. Si, era asfaltada, pero pasaba un coche cada muerte de obispo, y a 5 km/h. El menu de la noche: arroz chino en lata. Queríamos comprar huevos en la granja que estaba cerca, pero el granjero no estaba.
126, Camping segundo día
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